viernes, 21 de mayo de 2021

El baile en tiempos de coronavirus

 

El baile en tiempos de coronavirus: ¿cómo volvimos a bailar en la cueva?


 A raíz del confinamiento generado por la COVID-19, la tecnología y la creatividad se unieron para generar nuevas formas de danza que ayudan a mejorar la técnica individual y que sirven como un ejercicio terapéutico, e incluso de resistencia.

Es difícil establecer cuándo el ser humano bailó por primera vez. Pero en lo que parecen coincidir los especialistas es que el baile tuvo que ser lo primero, la expresión artística original. Antes de que hubiera palabras, el hombre ya se expresaba a través del cuerpo. Pinturas rupestres encontradas en España y Francia, con una antigüedad de más de 10.000 años, muestran figuras danzantes asociadas con rituales y escenas de caza.

Fue la danza antes que la palabra. Y la danza nace de un confinamiento, de una necesidad del individuo de poder expresar lo que no puede hacer en el exterior, porque las fieras están fuera, ¿entiendes? Fuera está la lluvia, está esa cosa que es el clima, que es muy rara, están los grandes depredadores, y tú aún no has conocido el fuego”.

Sin embargo, “ya esos seres primitivos tenían grabaditas pequeñas figuras de danza”. Así lo asegura Alberto Estébanez, bailarín y coreógrafo español, y director del Certamen Internacional de Coreografía Burgos-Nueva York. Lo dice desde allí, desde Burgos, provincia donde están ubicados los registros de los primeros seres humanos primitivos europeos y desde donde, en lo que actualmente es el sitio arqueológico de Atapuerca, probablemente el hombre occidental bailó por primera vez.

Cien siglos después, volvemos a estar como entonces, confinados, temiendo ya no a una bestia hambrienta sino al agente infeccioso microscópico SARS-CoV-2, un tipo de coronavirus causante de la enfermedad COVID-19, que ha contagiado a casi 28 millones de personas en el mundo. Hoy, como si se tratara de una profecía anunciada por la canción de Jorge Drexler, quedamos atrapados en la circularidad de la historia y volvimos a “bailar en la cueva”.

Ahora estamos en cómodas viviendas y conectados mediante aparatos tecnológicos, pero el cuerpo sigue siendo el mismo, y la necesidad de expresarse también. Además, parece que en medio de los estrictos confinamientos aplicados en el mundo entero para evitar la propagación del virus el acto de reunirse y moverse al ritmo de la música será de las últimas actividades en volver.

Las academias cerraron sus puertas, los profesores temieron por sus empleos y los alumnos se confinaron. Entonces –como solución para casi todos los problemas–las plataformas de videollamadas y reuniones virtuales aparecieron como una alternativa a las fiestas o a las clases de baile tradicionales, sin importar si se trataba de zumba, danza urbana, ritmos africanos o ballet.


Xiomara Navarro, bailarina y directora de la escuela Zajana Danza, en Bogotá, entendió rápidamente que se tenía que adaptar. El 18 de marzo, dos días antes de que en la capital colombiana iniciara un estricto simulacro de cuarentena, la academia empezó a transmitir sus clases por Zoom, “claramente con todos los errores y demás, mientras aprendíamos, nos adaptábamos, mejorábamos el sonido, la logística de cómo crear una reunión”.

Al principio, todo era nuevo, complejo. Muchos de los alumnos prefirieron no continuar de forma virtual, ya que sentían que las clases no eran lo mismo. Para Xiomara, no se podría decir que eran mejores o peores. Simplemente la experiencia era distinta. De hecho, asegura que las habilidades que se desarrollan son diferentes.

Como aspectos positivos, resalta que el estudiante se vuelve más responsable del trabajo con su cuerpo, y que los profesores pueden dejar tareas y retroalimentaciones por video. También detectó que personas que se habían ido del país la contactaron para retomar las clases de forma remota. Por eso Xiomara considera que “la virtualidad vino para quedarse”, porque esta coyuntura abrió la posibilidad de tomar clases con profesores y alumnos que viven en otros lugares, en un ambiente multicultural.

“Ahora, ¿qué estamos sacrificando con el proceso virtual? La calidad del movimiento, que esas son correcciones que muchas veces no podemos hacer virtualmente, es decir, poder tener una percepción directa y física de la energía del estudiante”, añade la bailarina.

Pero, más allá de los detalles, considera que conectarse con otros y bailar puede tener un efecto terapéutico, sobre todo en un contexto de aislamiento. No sería, en todo caso, la primera vez que el ser humano baile para contrarrestar una epidemia. La peste negra habría influenciado fuertemente el surgimiento de la “danza de la muerte”, un género artístico del siglo XIV en el que la muerte era personificada e invitaba a los vivos a bailar con ella. Se cree que la gente daba saltos, gritaba y se convulsionaba en un rito macabro, puede que con el objetivo de expulsar la enfermedad.

“Yo creo que es muy interesante ver cómo siempre que hay una gran tragedia, la danza, por delante de todas las artes, ya te marca un camino. Luego ya vienen los pintores, los escenógrafos, los escultores, pero la danza siempre va un paso por delante”, afirma Alberto Estébanez. De hecho, en ese devenir histórico, prevé que debido a las normas de distanciamiento social se va a retomar “el fin principal para el que fue creada”.

“La danza partió de las plazas, de los pueblos, de la calle. Luego fue trasladada al palacio, y gracias al COVID va a volver otra vez a la calle”. En ese sentido, Estébanez considera que la pandemia ha tenido un efecto positivo entre los bailarines profesionales, que solían moverse únicamente en su esfera artística, entre los ensayos y las luces del escenario. Ahora el bailarín “vuelve a sentir a la gente a su alrededor, sale de su burbuja y se da cuenta que la gente sufre, o la gente goza, ríe, y él tiene que volver a plasmarlo”.

“Lo que yo veo –añade– es que hay una revolución pendiente que se va a producir: ¿Qué es capaz de hacer un individuo bien entrenado en una habitación de cuatro paredes? Es capaz de muchas cosas. Esa danza va a ser muy compleja y muy individual. Yo creo que le llamaremos la danza confinada”.

Pero en medio de esta revolución gestada desde las guaridas, ¿qué pasa con los bailes en pareja? Gonzalo Baquero es semiólogo, bailarín y profesor de tango, y trata de explicar cómo la pandemia ha transformado este baile de pareja por excelencia. Según explica, hay dos casos: están quienes además de ser pareja de baile lo son a nivel sentimental, los cuales no se vieron tan afectados porque pudieron seguir entrenando juntos. Los que están solos, en cambio, han tenido que encontrar un nuevo compañero: el palito, por lo general de escoba.

“Es duro –cuenta–, la verdad es duro porque uno no está acostumbrado, pero entonces uno empieza a entrenar con el palito, y lo que queda bueno es el uso de la imaginación. Siempre es bueno entrenar solo, pero todo lo hace uno en función del baile y de la pareja, entonces ahí uno termina bailando como con un fantasma, con una presencia”.

Debido a lo extraño que resulta bailar tango de forma individual, lo que ha pasado es que la gente ha decido meterse a clases virtuales, para repasar su técnica, asegura Baquero. “Al principio eran pocos, y después se llenó. La gente encontró -en las plataformas de videoconferencias- una alternativa para dar clases y cada cual como que se fue inventando estrategias, porque no es fácil”.
Eso sí, en las clases “te toca afinar la palabra”, porque como no puedes tocar a la persona, la palabra se convierte en el principal vehículo para explicar. En ese sentido, “uno sí encuentra que eso ha llevado a que la gente tenga un poquito más de consciencia de lo que dice y del movimiento”.

Otra figura que ha aparecido en medio del confinamiento es la del solista. De hecho, se han creado competencias y abierto categorías en las que el bailarín o bailarina de tango puede participar bajo esta modalidad; una alternativa que ha generado mucha controversia en las esferas más tradicionales, aunque a futuro podría permanecer, como una herencia de esta pandemia.

Lo cierto es que es mejor bailar solo que no bailar. Gonzalo coincide en que “ayuda mucho como una terapia psicológica, para manejar el encierro, la soledad y el ansia”. Pero no solo eso. También lo entiende como un acto de resistencia. “Aceptamos la orden de encerrarnos, pero el poder se ejerce sobre el cuerpo. Cuando a una persona le quitan la libertad, ¿cómo la castigan? La meten a la cárcel; o sea, su cuerpo lo encierran. Entonces esta idea un poco de moverse, con el palito, con la pareja, con lo que sea, pero bailando, también es una manera de sacudirse un poco de ese poder, que obviamente uno aceptó, pero del que uno está sintiendo todo su peso”.

BOGOTÁ, Colombia
Por: Emma Jaramillo Bernat



lunes, 26 de abril de 2021

Dos malagueños ganan el 'World Latin Dance Cup' de salsa de 2021

 José Aranda y María Vela se hacen con el título de campeones de baile de manera online y con participantes de medio mundo y, pese a ello, no ha tenido ninguna visibilidad en España.

María Vela y José Aranda, conquistaron el campeonato mundial de salsa en pareja el pasado 14 de abril de 2021. El campeonato se celebró de manera online y los malagueños deleitaron a los televidentes y jueces internacionales llevándose a Málaga el mundial en sus manos. 'Pura Pasión' es el nombre artístico de la pareja de la costa del sol. En él se ve reflejado lo que ambos sienten respecto a la salsa: “Ser bailarín es un trabajo muy digno, aunque en España lo tienen como un 'hobbie' no como una profesión”. 

José y María se conocieron en 2002. Jamás podrían haber adivinado lo que el futuro les tenía preparado ya que al fin y al cabo el destino les llevó al mismo sitio. La pareja empezó a bailar por ocio más que nada, pero a medida que pasaban los años tenían más ganas de aprender a bailar. “En 2006, nos apuntamos los dos a bailar para hacer algo juntos, como pareja, para salir de la rutina que teníamos”. En ese mismo año, José y María empezaron a bailar en una escuela como pareja y a partir de ahí, el baile para ellos era un simple 'hobbie'.

María, en este caso, tenía una visión más lejana sobre su futuro como bailarina: “Yo quise especializarme un poco, me lo tomé como una proyección de futuro, José, sin embargo, quería seguir tomándolo como un hobbie”. A María no le frenaba nadie, realizó un curso de profesora de bailes de salón y ahí empezó a adentrarse un poco más, pero no quería hacerlo sola: “Yo quería que José bailara conmigo, pero en ese momento me rechazó”. José estaba centrado en otras cosas, “yo tenía el baile solo para desconectar”, contaba.

José era un mero acompañante de los eventos de María como bailarina, pero finalmente, en 2010, ella le convenció para que bailara con ella y se presentaron a su primer campeonato juntos. A lo que muchos llamarían “la suerte del novato” para María y José fue debutar a lo grande. La pareja ganó el primer campeonato de Málaga que les transportó directamente a la final nacional a Barcelona, donde no ganaron pero si se clasificaron para el mundial en Puerto Rico. Una travesía en la que los malagueños se encontraron en un punto de inflexión: “Para nosotros fue como un antes y un después, porque ahí nos dimos cuenta de que realmente queríamos dedicarnos a ello los dos juntos. Desde ahí, teníamos una proyección de futuro”.

La vida les llevó por un sinfín de campeonatos: tres veces campeones de Málaga, uno en Andalucía, uno a nivel nacional y uno europeo. Finalmente en  2021, campeones del mundo. Pero el mérito no es ese, sino que en el campeonato mundial tuvieron que actuar frente a una pantalla a causa de la pandemia del COVID-19, pero para ellos no fue un inconveniente. “Ha sido raro actuar delante de una pantalla, pero aún así seguíamos teniendo nervios, porque igualmente tienes las mismas oportunidades de fallar así que por lo menos hemos podido sentir la adrenalina que el COVID-19 nos quitó”.

La pareja malagueña, al igual que muchos trabajadores de este país, también ha sufrido las consecuencias de la pandemia. Ambos sufrieron la cancelación de eventos, varias giras y congresos de salsa en Argentina, Singapur, Colombia y varios países de Europa.

Aranda y Vela no son solo bailarines, sino que también son propietarios y profesores de su propia escuela de baile llamada “Escuela Baila con Pura Pasión” donde tuvieron que adoptar las medidas de seguridad del COVID-19 e impartir clases online tanto en el ámbito nacional como en el internacional. “Tener acceso a la gente de tu zona y a la gente que está en la otra punta del mundo es una ventaja”, relata María.

Visibilidad

María y José tuvieron el orgullo de vivir uno de los momentos más mágicos de su vida al proclamarse campeones del mundo, pero el reconocimiento no es solo ese, sino que al ganar ese campeonato, se convirtieron en la primera pareja española en ganar el título. “Es un orgullo para nosotros ser la primera pareja española y malagueña en conseguir ese título tan importante, es como un plus para nuestra carrera”. La “World Latin Dance Cup” es un campeonato que tiene mucho renombre a nivel mundial. “No es fácil de conseguir, llevamos varios años ahí luchando a punto de conseguirlo y ha sido súper emocionante para nosotros”. 

El baile, en los países latinoamericanos, se fomenta muchísimo, se considera como una profesión de futuro. “La pena es que, aquí, en España, no se considere así”. Aún así, Aranda y Vela consideran que en España y en Europa hay mucho nivel.

Para los malagueños, ganar este campeonato ha sido casi como tocar el cielo, pero España en sí no ha sido consciente de ello. “Nos da mucha pena que sea esto algo tan importante y que debería de enorgullecer al país por tener representantes campeones del mundo y somos conocidos por muchas partes del mundo”. Pero esto no es nuevo para ellos, ya que llevan muchos años metidos de lleno en esta industria y son conscientes de que hay muchísimos deportes minoritarios que no están apoyados y no tienen mucha repercusión ya que “al fin y al cabo siempre se fomenta lo mismo, los mismos deportes, los mismos deportistas y el resto andan en la lucha”, señaló la pareja. 

José y María alzan la voz para conseguir patrocinadores. Están en una industria donde no tienen apoyo de nadie y todo lo tienen que pagar ellos desde su bolsillo. “Siempre vamos representando nuestra tierra de la mejor manera posible porque estamos orgullosos de ser españoles y gracias a nosotros España tiene representantes en un campeonato del mundo de salsa, sino es que no habría”. 

La pareja de 'Pura Pasión' siente más apoyo en Latinoamérica porque relatan que allí le dan más importancia a la cultura y en España “lo ven más como un 'hobbie' más que como una profesión”.

Campeón de campeones

La ambición de los malagueños no tiene límites, muy pronto se enfrentarán a un campeonato de grandes dimensiones. Se trata de un campeonato de “campeón de campeones” en el que están en juego varias disciplinas, no solo la salsa en pareja, sino que también compiten solistas, grupos de bachata y chachachá. “Es como unas olimpiadas de baile, el campeón de cada tipo compite entre todos los participantes de cada disciplina y de ahí se elige al mejor”. Si José y María ganan este campeonato se harían con el premio de campeón de campeones y tendrían una repercusión a nivel mundial.

Sin embargo, la meta de los campeones del mundo no termina ahí. Su visión de futuro es seguir trabajando, bailando y compitiendo, obtener más títulos mundiales, viajar por todo el mundo “mientras el COVID-19 lo permita”, seguir con la escuela y seguir hacia adelante más y mejor.

No te pierdas la actuación que les hizo ganadores a José Aranda y María Vela en la World Latin Dance Cup 2021 y síguelos en las redes sociales para tener más información sobre ellos y la gran labor que desempeñan.





miércoles, 21 de abril de 2021

Apreciación Danzas Afrocubanas

 Te invitamos a un Seminario de Danzas Afrocubanas‼️

La División de Deportes y Recreación de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, convoca a toda la comunidad a participar un breve recorrido histórico del inicio de las danzas de Cuba y su llegada hasta nuestros días. Enmarcarlas en su contexto social no sólo nos da un conocimiento general histórico sino una mejor comprensión de como interpretarlas. 

Destinatarios: Comunidad en General 

El origen de la danza hay que buscarlo en los inicios de la propia existencia humana. A través de ella podemos analizar la historia de diferentes culturas. Haremos un breve acercamiento al origen de las manifestaciones tradicionales afrocubanas

Profesora: Cintia Mignone 

Te dejamos el link para que puedas participar‼️

Seminario Teórico de Danza Afrocubana

Sábado, 24 de abril · 3:00 – 5:00pm

Información para unirse a Google Meet

Enlace a la videollamada: https://meet.google.com/qgw-vmmk-jae


@untdf_universidad

@cintia_mignone


#BienestarUniversitario #Ushuaia #Tolhuin #RioGrande

#TierraDelFuego #SentiteBienUniversitario




viernes, 16 de abril de 2021

Falleció por coronavirus el músico argentino Matías Conte

 Tenía 47 años. Fue cantante y compositor de bandas como Las Sabrosas Zarigüellas y La Descarga.


El Instituto Nacional de la Música (INAMU) comunicó la noticia del fallecimiento del música Matías Conte, cantante y compositor que lideró bandas como Las Sabrosas Zarigüellas y La Descarga.



Tenía 47 años y murió como consecuencia de complicaciones de salud provocadas por el coronavirus.
En ese sentido, la INAMU insistió en el comunicado difundido que "ante la situación sanitaria instamos a respetar los protocolos para reducir los contagios en esta pandemia", expresaron.

Durante esta tarde se conoció la noticia del fallecimiento del músico Matías Conte a causa del Covid-19.

Cantante y compositor, lideró Las Sabrosas Zarigüellas, banda de música latina rioplatense con la cual publicó cuatro álbumes y se presentó en los escenarios de todo el país. Son recordados los hits de esta formación,  que sonaron fuerte en radio y TV,  tales como "El muerto se fue de rumba" y "No se va" pertenecientes a su disco de 1995. 

Luego, Conte, formó La Descarga, una big-band de salsa, latín jazz y mambo, con quienes estuvo activo más de 10 años.

"Ante la situación sanitaria que vivimos, instamos a todos y todas a respetar los protocolos para reducir los contagios en esta pandemia. Enviamos nuestras condolencias y acompañamos a sus familiares y amigos en este difícil momento", señalaron desde el Ministerio de Cultura de Nación ante la triste noticia. 



 

miércoles, 14 de abril de 2021

El Covid-19 no aplastará nuestra profunda necesidad de bailar

 La pandemia nos ha privado de algo que une a las personas y brinda una gran alegría, pero la historia sugiere que se recuperará.

La última vez que me paré en una pista de baile fue en marzo de 2020. Fue un revoltijo de miembros que se balanceaban y cuerpos que giraban, saltando al ritmo. Una mujer con un top en tecnicolor dio vueltas en el acto y derramó una bebida pegajosa en la espalda de un hombre que hacía formas frente a ella. No se dio cuenta. Un hilo de amigos se abrió paso al estilo de una conga entre la multitud y pasó a codazos junto a una pareja que se balanceaba inestable. Ellos no se detuvieron. En todas partes la gente se abrazó y besó. Semanas después, todo esto sería temido y prohibido.

Un año después, las bolas de discoteca todavía cuelgan sobre las habitaciones vacías, las clases de salsa están en el hielo y los lugares para bodas permanecen ausentes de los giros intergeneracionales. Los festivales están prohibidos y los carnavales cancelados. Incluso fuera de los eventos y lugares tradicionales, la oportunidad de reunirnos y bailar es una experiencia que la pandemia nos ha negado casi por completo. 

La historia ha demostrado cómo los tiempos de crisis pueden alterar la pista de baile y remodelarla. Durante la pandemia de influenza de 1918, se cerraron muchos salones de baile en los EE. UU. Y Gran Bretaña y la gente soportó medidas de distanciamiento social similares a las de hoy. Durante la Primera Guerra Mundial, la escasez de hombres significó que hubo menos pistas de baile, mientras que en París los bailes públicos fueron prohibidos durante la guerra por completo.

Soldados de la Guardia Irlandesa bailando en Caterham, Surrey, el día de San Patricio, 1923
© Getty Images

Cuando volvió la normalidad, florecieron los clubes de baile. Los locos años veinte y la era del jazz vieron años de energía reprimida, así como trauma y dolor, quemados en la pista de baile con bailes salvajes y enérgicos como el Charleston. Las chicas flapper se acortaron las faldas y se quitaron los grilletes de la feminidad victoriana. "Había algo en el aire", escribió Eric Burns en 1920: El año que hizo rugir la década . “El ritmo de una música distante, música que nunca antes se había escuchado, que hace que quienes la sintieron festejando, ansiosos por retorcer sus cuerpos en contorsiones, sean nuevos y lascivos, incapaces de quedarse quietos”. 

Drag ball, Nueva York, 1988 © Getty Images

Décadas más tarde, durante la epidemia del sida, las discotecas y los bailes de drag se convirtieron en un lugar de refugio para las comunidades queer en medio de una cultura de estigma y hostilidad. Estos lugares proporcionaron, y aún brindan, un espacio crucial para que las personas LGBT se expresen libremente. En la década de 1980, frente a creencias prejuiciosas y no científicas sobre cómo se propagó el VIH, estas pistas de baile se sumergieron aún más profundamente en la política del desafío. La danza y el espectáculo se han mantenido a la vanguardia del activismo por los derechos de los homosexuales. “Nuestra cercanía, nuestro sudor y nuestros besos en la pista de baile se convirtieron en nuestra protesta”, dice David Gere, profesor de UCLA que trabajó como crítico de danza en San Francisco durante la crisis. "Por supuesto que esta vez hay un conjunto diferente de reglas".

Una pista de baile en Dinamarca, 2010 © Universal Images Group a través de Getty

El impulso de bailar es primordial. Cuando no podemos bailar juntos, nos perdemos algo más que una noche de fiesta y una resaca, sino algo que llega al núcleo de lo que es ser humano. Siempre hemos bailado. En la antigua Grecia, los seguidores de los cultos dionisíacos se reunían en el bosque al atardecer para desnudarse, darse un festín, beber vino mezclado con drogas del cuerno de un toro y bailar en un trance extático al son de tambores hipnóticos; Escenas de naturaleza similar se pueden encontrar en los rincones del Festival de Glastonbury. El arte rupestre prehistórico muestra figuras enmascaradas en movimiento, lo que sugiere fuertemente que incluso los habitantes de las cavernas encontraron tiempo para arreglarse para una fiesta. Hasta el año pasado, nuestros calendarios sociales estaban llenos de oportunidades para celebrar; Cualquiera que sea la ocasión y por vergonzoso que sea, lo más probable es que alguien hubiera terminado bailando. 

"La pista de baile nos brinda este espacio alegre donde podemos entablar una relación de confianza con extraños".

No hay fin para las historias de romance que han comenzado con un borracho arrastrando los pies por una pista de baile, pero bailar es más que sexo y amor. Se trata de alegría colectiva. La danza nos proporciona un lenguaje universal, uno más profundo y emocional que las palabras, que nos ayuda a vincularnos con otras personas, a menudo desconocidas. Los antropólogos sugieren que los rituales bailados crean una magia que el lenguaje por sí solo no puede reunir. En Dancing in the Streets: A History of Collective Joy , Barbara Ehrenreich dice que el baile, "especialmente en líneas o círculos", ha proporcionado una forma para que las personas se absorban en algo mucho más grande que ellos mismos y, lo que es más importante, en pequeñas diferencias y rivalidades jugar como una “competencia inofensiva por la destreza de uno como bailarín, u olvidado”. 

Bailando en la calle en Washington DC, junio de 2020 © The Washington Post a través de Getty Images

Para que la danza cumpla esta función evolutiva, tiene que sentirse bien, y lo hace. El movimiento rítmico y la sincronicidad activan el sistema opioide endógeno en nuestro cerebro, por lo que cuando nos movemos juntos, un golpe de endorfinas asegura que también nos sintamos bien el uno con el otro. "Cuando vemos a otra persona hacer lo mismo al mismo tiempo que nosotros", escribe Bronwyn Tarr, bailarina e investigadora del departamento de psicología experimental de la Universidad de Oxford, "parece que 'nos convertimos en uno'". 

Clase de baile para hombres y mujeres, hacia 1946 © Corbis via Getty Images

Si el baile nos une, entonces es natural que el privarnos de él nos haga sentir alienados. La investigación de Tarr ha demostrado que las endorfinas liberadas por el baile pueden ayudarnos a sobrellevar mejor el dolor: es un truco cruel de la pandemia actual que en un momento en que necesitamos sus cualidades salvadoras más que nunca, estamos atomizados. Tim Lawrence, historiador cultural y autor de Love Saves the Day: A History of American Dance Music Culture,ha observado que la ausencia de baile social, o la posibilidad de celebrar en absoluto, ha acentuado los sentimientos de aislamiento. Particularmente en la ciudad, la vida puede ser una rutina solitaria: la danza ofrece un antídoto. “Parece que la gente se siente cada vez más anestesiada, con falta de energía y perdiendo el sentido del deseo por la vida”, dice Lawrence. “La pista de baile nos brinda este espacio alegre donde podemos entablar una relación de confianza con extraños. Ayuda a mejorar nuestra sensación de bienestar ".

Un club en Wuhan después de que se levantaran las restricciones de Covid el año pasado © Reuters

El baile es importante, por lo que no sorprende que, a pesar de las restricciones de la pandemia, la gente haya buscado formas de experimentar la alegría del baile (y algunos se han arriesgado a ser arrestados y se han dirigido a raves ilegales). TikTok, la plataforma de redes sociales en la que las personas comparten e imitan rutinas de baile breves, ha visto dispararse su popularidad. Los clubes nocturnos virtuales, como Club Quarantine, han permitido que miles de personas se sientan más cercanas mientras bailan desde sus hogares a través de la cámara web. Las clases de baile en línea también se han vuelto populares. Gere recuerda cómo su amiga, la bailarina Ana María Álvarez, directora del teatro de danza Contra-Tiempo, ha forjado una nueva tradición. Después de la cena, su familia empuja hacia atrás las mesas y sillas y baila entre ellos. “Esa es la nueva discoteca”, dice. "Las experiencias que puede tener con las personas de su grupo".

Con el fin de la pandemia de coronavirus en el horizonte, el ritmo de la música lejana se puede escuchar una vez más. ¿Cómo sería la danza cuando podamos volver a hacerlo de forma segura? Después de más de un año en el que el contacto físico con extraños se ha asociado con el riesgo, ¿nos sentiremos lo suficientemente seguros entre la multitud como para dejarnos llevar? Cuando Wuhan declaró que su crisis había terminado, la imagen contundente era la de miles de personas bailando con un DJ en una fiesta en la piscina. El hechizo que la danza ejerce sobre nosotros es poderoso y hay mucha energía reprimida para gastar.
Alma Cummings, que bailó durante 27 horas sin parar en 1923 © Gamma-Keystone via Getty Images

En la década de 1920, además de todos los nuevos estilos de baile que golpearon las rodillas, el período vio la llegada de otra tendencia: los maratones de baile, en los que la gente bailaba hasta caer. Alma Cummings, una instructora de baile de 32 años, puso el listón en 1923 cuando bailó el vals y jitterbug durante 27 horas seguidas, superando a seis compañeros masculinos en el proceso. Como ahora sabemos muy bien, es mucho más fácil empezar a bailar que parar. 





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