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viernes, 21 de mayo de 2021

El baile en tiempos de coronavirus

 

El baile en tiempos de coronavirus: ¿cómo volvimos a bailar en la cueva?


 A raíz del confinamiento generado por la COVID-19, la tecnología y la creatividad se unieron para generar nuevas formas de danza que ayudan a mejorar la técnica individual y que sirven como un ejercicio terapéutico, e incluso de resistencia.

Es difícil establecer cuándo el ser humano bailó por primera vez. Pero en lo que parecen coincidir los especialistas es que el baile tuvo que ser lo primero, la expresión artística original. Antes de que hubiera palabras, el hombre ya se expresaba a través del cuerpo. Pinturas rupestres encontradas en España y Francia, con una antigüedad de más de 10.000 años, muestran figuras danzantes asociadas con rituales y escenas de caza.

Fue la danza antes que la palabra. Y la danza nace de un confinamiento, de una necesidad del individuo de poder expresar lo que no puede hacer en el exterior, porque las fieras están fuera, ¿entiendes? Fuera está la lluvia, está esa cosa que es el clima, que es muy rara, están los grandes depredadores, y tú aún no has conocido el fuego”.

Sin embargo, “ya esos seres primitivos tenían grabaditas pequeñas figuras de danza”. Así lo asegura Alberto Estébanez, bailarín y coreógrafo español, y director del Certamen Internacional de Coreografía Burgos-Nueva York. Lo dice desde allí, desde Burgos, provincia donde están ubicados los registros de los primeros seres humanos primitivos europeos y desde donde, en lo que actualmente es el sitio arqueológico de Atapuerca, probablemente el hombre occidental bailó por primera vez.

Cien siglos después, volvemos a estar como entonces, confinados, temiendo ya no a una bestia hambrienta sino al agente infeccioso microscópico SARS-CoV-2, un tipo de coronavirus causante de la enfermedad COVID-19, que ha contagiado a casi 28 millones de personas en el mundo. Hoy, como si se tratara de una profecía anunciada por la canción de Jorge Drexler, quedamos atrapados en la circularidad de la historia y volvimos a “bailar en la cueva”.

Ahora estamos en cómodas viviendas y conectados mediante aparatos tecnológicos, pero el cuerpo sigue siendo el mismo, y la necesidad de expresarse también. Además, parece que en medio de los estrictos confinamientos aplicados en el mundo entero para evitar la propagación del virus el acto de reunirse y moverse al ritmo de la música será de las últimas actividades en volver.

Las academias cerraron sus puertas, los profesores temieron por sus empleos y los alumnos se confinaron. Entonces –como solución para casi todos los problemas–las plataformas de videollamadas y reuniones virtuales aparecieron como una alternativa a las fiestas o a las clases de baile tradicionales, sin importar si se trataba de zumba, danza urbana, ritmos africanos o ballet.


Xiomara Navarro, bailarina y directora de la escuela Zajana Danza, en Bogotá, entendió rápidamente que se tenía que adaptar. El 18 de marzo, dos días antes de que en la capital colombiana iniciara un estricto simulacro de cuarentena, la academia empezó a transmitir sus clases por Zoom, “claramente con todos los errores y demás, mientras aprendíamos, nos adaptábamos, mejorábamos el sonido, la logística de cómo crear una reunión”.

Al principio, todo era nuevo, complejo. Muchos de los alumnos prefirieron no continuar de forma virtual, ya que sentían que las clases no eran lo mismo. Para Xiomara, no se podría decir que eran mejores o peores. Simplemente la experiencia era distinta. De hecho, asegura que las habilidades que se desarrollan son diferentes.

Como aspectos positivos, resalta que el estudiante se vuelve más responsable del trabajo con su cuerpo, y que los profesores pueden dejar tareas y retroalimentaciones por video. También detectó que personas que se habían ido del país la contactaron para retomar las clases de forma remota. Por eso Xiomara considera que “la virtualidad vino para quedarse”, porque esta coyuntura abrió la posibilidad de tomar clases con profesores y alumnos que viven en otros lugares, en un ambiente multicultural.

“Ahora, ¿qué estamos sacrificando con el proceso virtual? La calidad del movimiento, que esas son correcciones que muchas veces no podemos hacer virtualmente, es decir, poder tener una percepción directa y física de la energía del estudiante”, añade la bailarina.

Pero, más allá de los detalles, considera que conectarse con otros y bailar puede tener un efecto terapéutico, sobre todo en un contexto de aislamiento. No sería, en todo caso, la primera vez que el ser humano baile para contrarrestar una epidemia. La peste negra habría influenciado fuertemente el surgimiento de la “danza de la muerte”, un género artístico del siglo XIV en el que la muerte era personificada e invitaba a los vivos a bailar con ella. Se cree que la gente daba saltos, gritaba y se convulsionaba en un rito macabro, puede que con el objetivo de expulsar la enfermedad.

“Yo creo que es muy interesante ver cómo siempre que hay una gran tragedia, la danza, por delante de todas las artes, ya te marca un camino. Luego ya vienen los pintores, los escenógrafos, los escultores, pero la danza siempre va un paso por delante”, afirma Alberto Estébanez. De hecho, en ese devenir histórico, prevé que debido a las normas de distanciamiento social se va a retomar “el fin principal para el que fue creada”.

“La danza partió de las plazas, de los pueblos, de la calle. Luego fue trasladada al palacio, y gracias al COVID va a volver otra vez a la calle”. En ese sentido, Estébanez considera que la pandemia ha tenido un efecto positivo entre los bailarines profesionales, que solían moverse únicamente en su esfera artística, entre los ensayos y las luces del escenario. Ahora el bailarín “vuelve a sentir a la gente a su alrededor, sale de su burbuja y se da cuenta que la gente sufre, o la gente goza, ríe, y él tiene que volver a plasmarlo”.

“Lo que yo veo –añade– es que hay una revolución pendiente que se va a producir: ¿Qué es capaz de hacer un individuo bien entrenado en una habitación de cuatro paredes? Es capaz de muchas cosas. Esa danza va a ser muy compleja y muy individual. Yo creo que le llamaremos la danza confinada”.

Pero en medio de esta revolución gestada desde las guaridas, ¿qué pasa con los bailes en pareja? Gonzalo Baquero es semiólogo, bailarín y profesor de tango, y trata de explicar cómo la pandemia ha transformado este baile de pareja por excelencia. Según explica, hay dos casos: están quienes además de ser pareja de baile lo son a nivel sentimental, los cuales no se vieron tan afectados porque pudieron seguir entrenando juntos. Los que están solos, en cambio, han tenido que encontrar un nuevo compañero: el palito, por lo general de escoba.

“Es duro –cuenta–, la verdad es duro porque uno no está acostumbrado, pero entonces uno empieza a entrenar con el palito, y lo que queda bueno es el uso de la imaginación. Siempre es bueno entrenar solo, pero todo lo hace uno en función del baile y de la pareja, entonces ahí uno termina bailando como con un fantasma, con una presencia”.

Debido a lo extraño que resulta bailar tango de forma individual, lo que ha pasado es que la gente ha decido meterse a clases virtuales, para repasar su técnica, asegura Baquero. “Al principio eran pocos, y después se llenó. La gente encontró -en las plataformas de videoconferencias- una alternativa para dar clases y cada cual como que se fue inventando estrategias, porque no es fácil”.
Eso sí, en las clases “te toca afinar la palabra”, porque como no puedes tocar a la persona, la palabra se convierte en el principal vehículo para explicar. En ese sentido, “uno sí encuentra que eso ha llevado a que la gente tenga un poquito más de consciencia de lo que dice y del movimiento”.

Otra figura que ha aparecido en medio del confinamiento es la del solista. De hecho, se han creado competencias y abierto categorías en las que el bailarín o bailarina de tango puede participar bajo esta modalidad; una alternativa que ha generado mucha controversia en las esferas más tradicionales, aunque a futuro podría permanecer, como una herencia de esta pandemia.

Lo cierto es que es mejor bailar solo que no bailar. Gonzalo coincide en que “ayuda mucho como una terapia psicológica, para manejar el encierro, la soledad y el ansia”. Pero no solo eso. También lo entiende como un acto de resistencia. “Aceptamos la orden de encerrarnos, pero el poder se ejerce sobre el cuerpo. Cuando a una persona le quitan la libertad, ¿cómo la castigan? La meten a la cárcel; o sea, su cuerpo lo encierran. Entonces esta idea un poco de moverse, con el palito, con la pareja, con lo que sea, pero bailando, también es una manera de sacudirse un poco de ese poder, que obviamente uno aceptó, pero del que uno está sintiendo todo su peso”.

BOGOTÁ, Colombia
Por: Emma Jaramillo Bernat



miércoles, 14 de abril de 2021

El Covid-19 no aplastará nuestra profunda necesidad de bailar

 La pandemia nos ha privado de algo que une a las personas y brinda una gran alegría, pero la historia sugiere que se recuperará.

La última vez que me paré en una pista de baile fue en marzo de 2020. Fue un revoltijo de miembros que se balanceaban y cuerpos que giraban, saltando al ritmo. Una mujer con un top en tecnicolor dio vueltas en el acto y derramó una bebida pegajosa en la espalda de un hombre que hacía formas frente a ella. No se dio cuenta. Un hilo de amigos se abrió paso al estilo de una conga entre la multitud y pasó a codazos junto a una pareja que se balanceaba inestable. Ellos no se detuvieron. En todas partes la gente se abrazó y besó. Semanas después, todo esto sería temido y prohibido.

Un año después, las bolas de discoteca todavía cuelgan sobre las habitaciones vacías, las clases de salsa están en el hielo y los lugares para bodas permanecen ausentes de los giros intergeneracionales. Los festivales están prohibidos y los carnavales cancelados. Incluso fuera de los eventos y lugares tradicionales, la oportunidad de reunirnos y bailar es una experiencia que la pandemia nos ha negado casi por completo. 

La historia ha demostrado cómo los tiempos de crisis pueden alterar la pista de baile y remodelarla. Durante la pandemia de influenza de 1918, se cerraron muchos salones de baile en los EE. UU. Y Gran Bretaña y la gente soportó medidas de distanciamiento social similares a las de hoy. Durante la Primera Guerra Mundial, la escasez de hombres significó que hubo menos pistas de baile, mientras que en París los bailes públicos fueron prohibidos durante la guerra por completo.

Soldados de la Guardia Irlandesa bailando en Caterham, Surrey, el día de San Patricio, 1923
© Getty Images

Cuando volvió la normalidad, florecieron los clubes de baile. Los locos años veinte y la era del jazz vieron años de energía reprimida, así como trauma y dolor, quemados en la pista de baile con bailes salvajes y enérgicos como el Charleston. Las chicas flapper se acortaron las faldas y se quitaron los grilletes de la feminidad victoriana. "Había algo en el aire", escribió Eric Burns en 1920: El año que hizo rugir la década . “El ritmo de una música distante, música que nunca antes se había escuchado, que hace que quienes la sintieron festejando, ansiosos por retorcer sus cuerpos en contorsiones, sean nuevos y lascivos, incapaces de quedarse quietos”. 

Drag ball, Nueva York, 1988 © Getty Images

Décadas más tarde, durante la epidemia del sida, las discotecas y los bailes de drag se convirtieron en un lugar de refugio para las comunidades queer en medio de una cultura de estigma y hostilidad. Estos lugares proporcionaron, y aún brindan, un espacio crucial para que las personas LGBT se expresen libremente. En la década de 1980, frente a creencias prejuiciosas y no científicas sobre cómo se propagó el VIH, estas pistas de baile se sumergieron aún más profundamente en la política del desafío. La danza y el espectáculo se han mantenido a la vanguardia del activismo por los derechos de los homosexuales. “Nuestra cercanía, nuestro sudor y nuestros besos en la pista de baile se convirtieron en nuestra protesta”, dice David Gere, profesor de UCLA que trabajó como crítico de danza en San Francisco durante la crisis. "Por supuesto que esta vez hay un conjunto diferente de reglas".

Una pista de baile en Dinamarca, 2010 © Universal Images Group a través de Getty

El impulso de bailar es primordial. Cuando no podemos bailar juntos, nos perdemos algo más que una noche de fiesta y una resaca, sino algo que llega al núcleo de lo que es ser humano. Siempre hemos bailado. En la antigua Grecia, los seguidores de los cultos dionisíacos se reunían en el bosque al atardecer para desnudarse, darse un festín, beber vino mezclado con drogas del cuerno de un toro y bailar en un trance extático al son de tambores hipnóticos; Escenas de naturaleza similar se pueden encontrar en los rincones del Festival de Glastonbury. El arte rupestre prehistórico muestra figuras enmascaradas en movimiento, lo que sugiere fuertemente que incluso los habitantes de las cavernas encontraron tiempo para arreglarse para una fiesta. Hasta el año pasado, nuestros calendarios sociales estaban llenos de oportunidades para celebrar; Cualquiera que sea la ocasión y por vergonzoso que sea, lo más probable es que alguien hubiera terminado bailando. 

"La pista de baile nos brinda este espacio alegre donde podemos entablar una relación de confianza con extraños".

No hay fin para las historias de romance que han comenzado con un borracho arrastrando los pies por una pista de baile, pero bailar es más que sexo y amor. Se trata de alegría colectiva. La danza nos proporciona un lenguaje universal, uno más profundo y emocional que las palabras, que nos ayuda a vincularnos con otras personas, a menudo desconocidas. Los antropólogos sugieren que los rituales bailados crean una magia que el lenguaje por sí solo no puede reunir. En Dancing in the Streets: A History of Collective Joy , Barbara Ehrenreich dice que el baile, "especialmente en líneas o círculos", ha proporcionado una forma para que las personas se absorban en algo mucho más grande que ellos mismos y, lo que es más importante, en pequeñas diferencias y rivalidades jugar como una “competencia inofensiva por la destreza de uno como bailarín, u olvidado”. 

Bailando en la calle en Washington DC, junio de 2020 © The Washington Post a través de Getty Images

Para que la danza cumpla esta función evolutiva, tiene que sentirse bien, y lo hace. El movimiento rítmico y la sincronicidad activan el sistema opioide endógeno en nuestro cerebro, por lo que cuando nos movemos juntos, un golpe de endorfinas asegura que también nos sintamos bien el uno con el otro. "Cuando vemos a otra persona hacer lo mismo al mismo tiempo que nosotros", escribe Bronwyn Tarr, bailarina e investigadora del departamento de psicología experimental de la Universidad de Oxford, "parece que 'nos convertimos en uno'". 

Clase de baile para hombres y mujeres, hacia 1946 © Corbis via Getty Images

Si el baile nos une, entonces es natural que el privarnos de él nos haga sentir alienados. La investigación de Tarr ha demostrado que las endorfinas liberadas por el baile pueden ayudarnos a sobrellevar mejor el dolor: es un truco cruel de la pandemia actual que en un momento en que necesitamos sus cualidades salvadoras más que nunca, estamos atomizados. Tim Lawrence, historiador cultural y autor de Love Saves the Day: A History of American Dance Music Culture,ha observado que la ausencia de baile social, o la posibilidad de celebrar en absoluto, ha acentuado los sentimientos de aislamiento. Particularmente en la ciudad, la vida puede ser una rutina solitaria: la danza ofrece un antídoto. “Parece que la gente se siente cada vez más anestesiada, con falta de energía y perdiendo el sentido del deseo por la vida”, dice Lawrence. “La pista de baile nos brinda este espacio alegre donde podemos entablar una relación de confianza con extraños. Ayuda a mejorar nuestra sensación de bienestar ".

Un club en Wuhan después de que se levantaran las restricciones de Covid el año pasado © Reuters

El baile es importante, por lo que no sorprende que, a pesar de las restricciones de la pandemia, la gente haya buscado formas de experimentar la alegría del baile (y algunos se han arriesgado a ser arrestados y se han dirigido a raves ilegales). TikTok, la plataforma de redes sociales en la que las personas comparten e imitan rutinas de baile breves, ha visto dispararse su popularidad. Los clubes nocturnos virtuales, como Club Quarantine, han permitido que miles de personas se sientan más cercanas mientras bailan desde sus hogares a través de la cámara web. Las clases de baile en línea también se han vuelto populares. Gere recuerda cómo su amiga, la bailarina Ana María Álvarez, directora del teatro de danza Contra-Tiempo, ha forjado una nueva tradición. Después de la cena, su familia empuja hacia atrás las mesas y sillas y baila entre ellos. “Esa es la nueva discoteca”, dice. "Las experiencias que puede tener con las personas de su grupo".

Con el fin de la pandemia de coronavirus en el horizonte, el ritmo de la música lejana se puede escuchar una vez más. ¿Cómo sería la danza cuando podamos volver a hacerlo de forma segura? Después de más de un año en el que el contacto físico con extraños se ha asociado con el riesgo, ¿nos sentiremos lo suficientemente seguros entre la multitud como para dejarnos llevar? Cuando Wuhan declaró que su crisis había terminado, la imagen contundente era la de miles de personas bailando con un DJ en una fiesta en la piscina. El hechizo que la danza ejerce sobre nosotros es poderoso y hay mucha energía reprimida para gastar.
Alma Cummings, que bailó durante 27 horas sin parar en 1923 © Gamma-Keystone via Getty Images

En la década de 1920, además de todos los nuevos estilos de baile que golpearon las rodillas, el período vio la llegada de otra tendencia: los maratones de baile, en los que la gente bailaba hasta caer. Alma Cummings, una instructora de baile de 32 años, puso el listón en 1923 cuando bailó el vals y jitterbug durante 27 horas seguidas, superando a seis compañeros masculinos en el proceso. Como ahora sabemos muy bien, es mucho más fácil empezar a bailar que parar. 





martes, 12 de enero de 2021

Los beneficios de bailar y por qué nos ayudaría a pelear contra el coronavirus

 Psicólogos y terapeutas aseguran que la danza podría ser una aliada para lidiar con las emociones negativas que produce el encierro y el miedo causado por el nuevo brote de COVID-19

Bailar estimula las zonas cerebrales relacionadas con el reconocimiento del cuerpo, la planificación y ejecución de los movimientos, además de liberar serotonina y endorfinas que reducen el estrés y ayudan a combatir la ansiedad.

Bailar es una de las actividades más viejas de la historia de la humanidad. Desde la época del hombre primitivo las pinturas rupestres han simbolizado personas danzando en las cuevas. Bien lo dice Jorge Drexler en una canción: “Hacíamos música mucho antes de descubrir la agricultura”, y desde siempre la música y el baile han ido de la mano.

Pero el año pasado cayó una pandemia, y una actividad que desde siempre fue social se transformó en algo peligroso. Se impusieron normas de distanciamiento entre las personas y se cerraron bares, discotecas, clubes de baile y cualquier otro sitio donde antes nos reuníamos a bailar, a sentir la cercanía de nuestro cuerpo con cuerpos ajenos.

Tras un breve momento de esperanza, en donde la reapertura nos encontró brevemente, el 2021 comienza con la amenaza de un rebrote, y peor aún, una nueva cepa más contagiosa de COVID-19. Las cuarentenas estrictas, los cierres de locales de diversión y el distanciamiento se siguen imponiendo como las medidas para combatirla.


El bailarín de moda Xiong Daiki, de 22 años, practica baile para un video para promover el baile de moda, casi un año después del brote global de la enfermedad del coronavirus (COVID-19), en Wuhan, provincia de Hubei, China, 15 de diciembre, 15 de diciembre de 2020. Imagen tomada el 15 de diciembre de 2020. REUTERS / Aly Song

Pero en este panorama de encierro el baile se ha vuelto a erigir como una herramienta para combatir la pandemia, por lo menos a la ansiedad, depresión y demás problemas de salud mental con los que ha venido acompañada. También para hacer mella al sedentarismo que la virtualidad ha exacerbado, si antes estábamos viviendo en un mundo cada vez más sedentario, con el trabajo en casa esos niveles se han desbordado.

Por eso este nuevo año no caen nada mal los propósitos de hacer más ejercicio, comer mejor, y en general ser más activos. En este panorama por qué no volcarnos al baile como una forma de mejorar nuestra salud mental y física, e incluso nuestro estado de ánimo para enfrentar el encierro de una mejor manera.

Y es que bailar da felicidad, así lo demostró un reciente estudio conducido por la Universidad de Hertfordshire en Inglaterra y dirigido por el l psicólogo de danza Dr. Peter Lovatt.

Lovatt encontró evidencia de que al bailar liberamos una mayor cantidad de endorfinas que al hacer cualquier otro tipo de ejercicio, y gracias a esto, conectamos mejor con los centros emocionales del cerebro.


Personas bailando en un evento especial que se llevó a cabo en septiembre de 2020 en Cali Colombia, cuando aún estaba vigente la cuarentena estricta.

“Para muchas personas, bailar provoca una liberación emocional; a menudo es una felicidad sin complicaciones, mientras que para algunas puede hacerlas llorar. Es catártico, dejar ir las emociones reprimidas”, dijo para un artículo publicado en The Telegraph.

El baile también mejora la conciencia espacial, ayuda a aumentar la frecuencia cardíaca y provoca una liberación de endorfinas que hacen que se sienta bien en el torrente sanguíneo. Además, disminuye los niveles de cortisol en el cuerpo, una hormona que produce estrés.

Bailar como terapia

Si nos ponemos técnicos, al bailar se estimulan las zonas cerebrales relacionadas con la proipiocepción, que son las encargadas de reconocer las nociones de nuestro propio cuerpo; las zonas corticales, relacionadas con la planificación y ejecución de los movimientos. El sistema límbico, que coordina las respuestas emocionales, y la ya mencionada producción de endorfinas.

“Todo esto favorece la conciencia corporal, la creatividad, la memoria, además los sentidos sensoriales se activan para recibir toda la información que viene del medio e integrarlas con nuestras respuestas musculares para realizar los movimientos”, dice Eva María Méndez, máster en psicología clínica.

Para la doctora Méndez, que también es artista y ha estudiado ballet, terapia del arte y acrobacia aérea, en medio de esta pandemia bailar puede ser “una herramienta muy útil y al alcance de cualquier persona” para combatir la ansiedad, el miedo y la incertidumbre, los cuales destaca como principales motivos de consulta entre sus pacientes durante el pasado año, en su mayoría adolescentes y adultos jóvenes.


Eva María Méndez, es máster en psicología clínica con estudios de arte, ballet, terapia del arte y acrobacia aérea. Foto: @tsukihime25

“Un motivo de consulta recurrente es la ansiedad asociada a la incertidumbre de no saber qué va a pasar, algo que impacta los proyectos de vida de las personas, genera sensación de vacío y frustración, porque sienten que su vida se ha detenido”, dice la psicóloga.

Esto se suma la tristeza por la pérdida de algún familiar a causa del COVID-19, o el miedo por el riesgo de que esto le pueda ocurrir a alguien cercano o a ellos mismos.

También está la angustia por la pérdida o posible pérdida de sus relaciones de apoyo (como la pareja o las amistades) y las dificultades familiares asociadas a los golpes económicos que ha dejado la pandemia”, agrega.

Méndez dice que en este panorama los beneficios del baile también pueden depender de la edad de quien lo practique. En los niños, por ejemplo, la danza no solo mejora la condición física, sino la coordinación, elasticidad, fuerza y el sentido musical. En los adolescentes y adultos jóvenes, permite conectar con uno mismo y mejorar el control emocional, canalizando las emociones como la ira, rabia o angustia, con un lenguaje diferente al verbal. Y en los adultos mayores, bailar termina siendo uno de los remedios más poderosos contra el envejecimiento físico y mental.

“La danza, sea de manera recreacional o profesional, tiene muchísimos beneficios en la salud mental, física y emocional de las personas. Hay que recordar que cuerpo y mente son una unidad, funcionan de manera integrada”, resalta.

La importancia de moverse

“Poder movernos es salud”, así lo resume la psicoanalista y máster en Danza Movimiento Terapia (DMT) de la Universidad Nacional de Artes de Buenos Aires, Sandra Milena Vélez Giraldo.

No le falta razón, recientes estudios científicos conducidos en la Universidad de Sidney en Australia han demostrado que tan solo 30 minutos de ejercicio al día de intensidad moderada a vigorosa pueden contrarrestar hasta 10 horas de permanecer sentado.

Otros estudios encontraron que hacer “ráfagas de ejercicio intenso” por periodos tan cortos como 20 segundos o incluso 4 segundos durante varios momentos del día pueden producir beneficios concretos al estado físico de las personas.

“La danza tiene un carácter simbólico que le otorga el movimiento”, dice Vélez Giraldo.

Ella practica DMT una modalidad psicoterapéutica enmarcada dentro de las psicoterapias creativas, junto a la musicoterapia, el arte terapia, el psicodrama. Esta modalidad utiliza en su proceso psicoterapéutico el movimiento para propender por la integración cuerpo y mente.

Defiende que aunque bailar como ejercicio es importante y provechoso, hacerlo como terapia ayuda a traer algo del mundo simbólico del sujeto a la vida práctica.

“EL DMT tiene más que ver con un asunto de exploración y descubrimiento propio porque te das cuenta de tus patrones de movimiento, que son como nuestras huellas dactilares”, agrega.


Una sesión de Danza Movimiento Terapia (DMT) conducida por Sandra Milena Vélez Giraldo.

Para ella el aislamiento propio de la pandemia no impide poder entrar en contacto con nuestra mente y cuerpo a través del baile y que algo tan simple como hacernos consientes de nuestra respiración y el movimiento que ella produce puede servir para mejorar nuestro ánimo y la forma de relacionarnos con nuestro entorno.

“Para Freud una persona sana es alguien capaz de amar y trabajar, y trabajar implica movimiento, y el movimiento es una danza en sí. Eso no se refiere a una técnica específica de danza sino al movimiento que lo necesitamos para todo”, resalta Vélez Giraldo.

Una visión similar tiene la profesora de yoga y arte terapeuta Flor Martínez, quien dirige desde Barranquilla (Colombia) un taller llamado “Reconexión en Movimiento” en el cual combina el yoga, la danza y los sonidos afro caribes y del mundo para brindar una experiencia que pretende reconocer el cuerpo propio como “un canal que nos permite actuar ante la vida y no solamente como un objeto”.


Personas bailando con tapabocas.

Para ella “la danza es una alternativa de vida, una determinación terapéutica”, algo que asegura es “vital en medio de la pandemia”.

“Cuando hacemos ejercicio o cualquier actividad física segregamos serotonina, cuando danzamos el cuerpo se conecta en un solo son, en ese momento se liberan una gran cantidad de tensiones a nivel articular y muscular”, afirma.

Pero a diferencia de Vélez Giraldo, Martínez, conocida también como Magic Flow Yoga, dice que adaptarse a la virtualidad no fue nada fácil y que ella misma tuvo que luchar con barreras mentales autoimpuestas que por un tiempo le impidieron seguir con sus talleres.

“En mis talleres se creaban redes de mujeres que se apoyaban mutuamente en sus proyectos y emprendimientos, yo creí que eso no podría pasar en la virtualidad pero después de superar esas barreras mentales encuentro que la gente se conecta de la misma forma y con las mismas ganas, de sudarse todos esos problemas con los cuales nos ha llenado esta situación de miedo”, dice la arte terapeuta.


Flor Martínez, creadora de los telleres "Reconexión en Movimiento". Foto: @magicflowyoga

Para ella esto ha traído nuevas oportunidades y es que personas por fuera de Colombia puedan conectarse a sus talleres estén encontrando en el baile una forma de conocer más de sus cuerpos, de sus mentes y de sí mismos.

“La vida misma es la danza, estamos en constante movimiento y en el momento que nos quedamos estáticos permitimos que nuestra mente se estanque en algo negativo”, dice Flor.

Ella aconseja a quienes quieren empezar a bailar como forma de afrontar la ansiedad y el miedo en la pandemia que pueden comenzar por comprender que la danza no se trata de solo pasos o coreografías, y que solo observar la naturaleza ayuda a empezar a estar en contacto con el movimiento, pues “nuestra naturaleza real constituye movimiento”,

“Bailar en el espejo o en el baño es un buen ejercicio para realizar en casa, eso ayuda a reconocer nuestra imagen y hacernos consientes de nuestro cuerpo”, dice.

Concluye que el baile es “una catarsis total”, porque le pone otro ritmo a la mente, que siempre está pensando, siempre en movimiento, pero al bailar conectados con quienes somos en esencia derribamos esquemas corporales y mentales “nos entregamos a ser unos con el movimiento y solamente quedamos nosotros como observadores de nuestro propio cuerpo pero una observación libre de juicios”.

En fin, ya sea por salud física o mental, bailar y sobre todo, movernos, debe estar entre la lista de prioridades de este 2021, tal vez al son de una buena melodía podremos salir más rápido de la pesadilla que ha sido esta pandemia.

Como dice Jorge Drexler: “Estamos vivos porque estamos en movimiento” y “si quieres que algo se muera, déjalo quieto”.

Fuente: Infobae. Por Jorge Cantillo - 10 de Enero de 2021



jueves, 18 de junio de 2020

¿Que nos espera en el futuro sobre la salud y la seguridad en las escuelas de baile?

Descargo de responsabilidad: esta publicación no es para dar consejos o pautas específicas. Es para reunir puntos de discusión sobre Covid-19 y las prácticas de salud relacionadas con la reintegración social en una escuela de baile. Proporcionaremos algunas actualizaciones aquí a medida que la situación progresa a nivel mundial. Recomendamos encarecidamente a los profesores  y dueños de escuelas u organizadores de eventos sociales a nivel mundial que sigan las regulaciones provistas por las autoridades sanitarias locales y que actúen de manera responsable a medida que tomen decisiones para sus comunidades de bailadores..

Están comenzando a tener lugar discusiones en todo el mundo sobre cómo comenzaremos a hacer la transición de regreso a las clases de baile, baile social y eventos.

SalsaSocial se pregunta:

¿Cuándo es el momento adecuado para reanudar las clases de baile y eventos de baile Social?
¿Qué puede hacer las escuelas de baile para reducir el riesgo de que los alumnos no se contagien del COVID-19?
En este momento, no hay respuestas claras sobre cómo debería funcionar esto.

Primero, consideremos la  información de la Organización Mundial de la Salud. Para los eventos que * deben * tener lugar, la OMS dice:

Promover el lavado de manos, la higiene respiratoria y el distanciamiento social en el evento. Asegúrese de tener datos de contacto de emergencia para todos los participantes. Debe dejarles claro que esta información se compartirá con las autoridades locales de salud pública para permitir el rastreo rápido de contactos si un participante en el evento se enferma con COVID-19. Los organizadores del evento deben tener un plan de preparación acordado en caso de que uno o más participantes se enfermen con síntomas de COVID-19. Esto debería incluir el aislamiento rápido de la persona enferma y su transferencia segura a un centro de salud local. Puede encontrar consejos sobre cómo los participantes individuales pueden protegerse a sí mismos y a sus seres queridos de COVID-19 aquí” .

Con esa declaración de la OMS en mente, al considerar la reintegración, analicemos algunos de los desafíos que todos enfrentaremos y las preguntas que debemos hacernos.

Desafío # 1 - Lavado de manos

¿Tiene las escuelas de baile las instalaciones para administrar el volumen de lavado de manos requerido para cada bailarín entre cada clases de baile? ¿Qué instalaciones para lavarse las manos puede proporcionar? ¿Sus instalaciones satisfacen las necesidades del volumen de bailarines que asisten?

Desafío # 2 - Higiene respiratoria

¿Es suficiente usar una máscara? Es posible que haya visto gráficos o infografías con porcentajes que muestran la efectividad de usar una máscara facial. Se ven algo así:

Estos porcentajes no están verificados. Si bien los Organización Mundial de la Salud  recomiendan usar una máscara facial de tela en público para ayudar a disminuir la propagación del coronavirus, se desconoce la eficacia específica del uso de la máscara. Estos porcentajes son presunciones que alguien ha hecho en base a la respiración regular. Las estadísticas no son verificadas por un estudio científico real.

Cuando se considera el impacto respiratorio adicional de la actividad cardiovascular en el baile, es aconsejable que los participantes usen una máscara, pero no es una solución garantizada para detener la propagación de Covid-19.

Desafío # 3 - Distancia social

¿Cómo se puede distanciar socialmente en una clase de baile? El hecho es que el distanciamiento social todavía se aconseja en la mayor partes del mundo y el baile en pareja es lo opuesto al distanciamiento social.

Para las clases de baile de solos (en solitario), tal vez sea posible limitar el número de asistentes para que haya suficiente espacio físico entre los participantes. En este caso, aún debe tener en cuenta el mayor impacto respiratorio del baile y la sudoración y las gotas que cada participante podría liberar en el aire, incluso si usan una máscara. Hay más riesgos asociados con estas gotitas en el aire en interiores que en exteriores, pero incluso en exteriores los riesgos siguen siendo alto.

Para una clase de baile, no hay duda de que no es socialmente distante. Algunas consideraciones que se están discutiendo actualmente son la eliminación de la rotación de alumnos o la creación de "grupos" limitados de cuántas personas entran en contacto físico entre sí. Por ejemplo, crear grupos de 3 alumnos y 3 líderes que solo bailan dentro del grupo y no bailan con compañeros fuera de su grupo. Estas son consideraciones que se discuten: no necesariamente estamos respaldando esta estructura.

Desafío # 4 - Rastreo

Si tienes clases de baile o un evento social y ocurre un brote de Covid-19, ¿estás equipado para manejarlo? Considere la responsabilidad que estás asumiendo como organizador. Como lo explica la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los organizadores tengan información de contacto de todos los participantes. También hay aplicaciones de rastreo en caso de emergencias y que comienzan a ser recomendadas por muchos gobiernos. ¿Está preparada tu escuela de baile con un plan de emergencia o de contingencia para contactar a todos los participantes del evento si ocurre un brote?

Desafío # 5: Desinfectar todo el lugar de baile 

¿Cuáles son las superficies de alto contacto en tu escuela de baile? ¿Estás preparado para desinfectar estos espacios regularmente durante toda la clase? Segun la OMS -

Las prácticas de desinfección son importantes para reducir el potencial de contaminación por el virus COVID-19 en entornos no sanitarios. Las superficies de alto contacto en estos entornos no relacionados con el cuidado de la salud deben identificarse para la desinfección prioritaria, como manijas de puertas y ventanas, áreas de cocina y preparación de alimentos, encimeras, superficies de baño, inodoros y grifos, dispositivos personales con pantalla táctil, teclados de computadoras personales y trabajo. superficies”.

Recuerde, si usted es dueño de una escuela de baile, es responsable de proporcionar un lugar seguro y desinfectado.

Consideración: ¿debemos esperar una vacuna?

Hablando francamente, probablemente no estemos realmente "seguros" de volver a la escuela de baile hasta que haya una vacuna. Hasta ese momento, habrá riesgos involucrados. Por lo tanto, elegir volver al baile social antes de que haya una vacuna es ciertamente posible y probable PERO si eliges hacerlo, se encontrará en una situación de gestión de riesgos. Es imposible saber cuándo podría estar disponible una vacuna, por lo que hasta ese momento, asumir la responsabilidad de la gestión del riesgo es probablemente la opción que se tomará.

Esto es realmente interesante y útil para leer. ¿Será esta la nueva normalidad? Todavía es bastante temprano para saberlo.

Tomar decisiones responsables

La conclusión aquí es que no hay respuestas claras sobre cómo y cuándo terminará esto del COVID-19. Esperamos que todos las escuelas de baile en todas partes actúen de manera responsable mientras se toman decisiones sobre la comunidad del baile.
Estás no son decisiones que se toman a la ligera. Si estás en una posición de liderazgo o de responsabilidad. Agradecemos que realicen un comentarios y no cuente qué piensan sobre el futuro.

Fuente:

https://www.who.int/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/

https://www.who.int/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public

https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/prevent-getting-sick/cloth-face-cover.html

https://www.who.int/news-room/commentaries/detail/modes-of-transmission-of-virus-causing-covid-19-implications-for-ipc-precaution-recommendations

https://www.who.int/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/question-and-answers-hub/q-a-detail/q-a-considerations-for-the-cleaning-and-disinfection-of-environmental-surfaces-in-the-context-of-covid-19-in-non-health-care-settings




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